Como muchos de los habituales de este blog sabéis, el pasado mes de octubre, entre los días 5 y 27, he estado en Nepal “dirigiendo” una actividad que tenia como objetivo la ascensión al Paldor, una hermosa montaña de 5926 m. de altura.
Todo comenzó cuando los nuevos responsables de la empresa “Viajes Sanga”, especializada en viajes a lugares poco habituales, me propusieron la posibilidad de colaborar con ellos llevando un grupo para ascender alguna montaña en Nepal. La montaña elegida fue el Paldor, situada al Norte de Katmandú muy cerca del valle del Lantang, lugar este, donde se realizaría la aclimatación.
Pero días antes de nuestra partida y cuando ya todo estaba preparado y ultimado, tuve la mala suerte de sufrir un pequeño accidente, (como supondréis no estaba jugando al parchis) consecuencia del cual me fracturé un hueso de la mano derecha. Todo presagiaba que me quedaría sin poder ir a Nepal, pero en este momento entra en escena la mejor sanidad del mundo, y el mejor servicio de traumatología, por supuesto el del Hospital Rio Carrion de Palencia. Solamente gracias a estos profesionales que me “remendaron” de forma extraordinaria pude plantearme el ir a la expedición. Desde aquí mi agradecimiento.
La primera parte de la actividad consistió en un emocionante viaje en autobús entre Katmandú y Siabru Besi. Once horas dando saltos por pistas de tierra y barro con inquietantes precipicios acechando los flancos del autobús. Después recorrimos el Valle del Lantang hasta su final, y ascendimos hasta la cota de 5500 m. intentando aclimatar lo mejor posible para al Paldor, verdadero objetivo del viaje. Incluso tres componentes del grupo ascendieron al Yala Peak (5550 m.) dentro de ese proceso de aclimatación.
El tiempo durante el trek por el Valle del Lantang, fue estupendo y pudimos disfrutar de unas hermosísimas vistas de los picos cercanos así como del bosque tropical que nos acompañó en la parte baja del valle.
De nuevo en Siabru Besi, nos adentramos en otro valle con dirección Oeste, que nos conduciría hasta Sondang, último pueblo habitado y lugar donde iniciamos la marcha de aproximación al Paldor.
Los dos días que nos llevó alcanzar el Campo Base (4400 m.), fueron de mal tiempo e incluso tuvimos que esperar un día completo en el Base en espera de buenas condiciones. De estos tres días podríamos contar infinidad de anécdotas, como la noche que pasamos en medio de la lluvia en las construcciones abandonadas de una mina a mas de 4000 m. de altura, el inhóspito y frío lugar donde estaba situado el Campo Base… Pero tampoco es plan de enrollarme.
Tras ese día de espera en el Base, el buen tiempo llegó y en una jornada ascendimos hasta el plató (5100 m.) donde instalamos un Campo I o Campo Alto, como lo queramos llamar. Ese día fue fundamental llegar a buena hora y poder reconocer y encontrar una ruta entre el laberinto de grietas del glaciar hasta las laderas del Paldor, pues al día siguiente a las tres de la mañana ya estábamos recorriendo este camino.
Con las primeras luces ya estábamos “montados” en la cresta, una vez ya superada la primera dificultad de la ascensión, una fuerte pendiente de nieve que a esas horas estaba en unas condiciones estupendas.
Desde este punto la ruta discurre todo el tiempo por una afilada cresta, que se divide en cuatro zonas claramente distintas. La primera parte, una arista de nieve prácticamente horizontal, con la dificultad de que formaba una pequeña cornisa y había que tener cuidado al trazar la huella. A continuación viene el tramo más complicadillo de la arista, una zona en la que hay que cabalgar por terreno mixto de roca y nieve, subiendo, bajando y evitando algún que otro “gendarme”. Aquí aprovechamos trozos de cuerda fija de ascensiones anteriores y nosotros colocamos algún otro pensando sobre todo en el descenso. Tras esta zona mixta, la arista otra vez se torna horizontal y por terreno enteramente nevado llegamos a la parte mas hermosa de toda la ascensión, una arista que parece sacada de un libro de Samivel, que nos conduce a la rampa final de 150 metros de desnivel antes de la cima, no sin antes haber tenido que romper una pequeña cornisa que defiende la cumbre.
Abrazos, fotos, mucha alegría, alguna que otra lagrimilla recordando a los amigos y el descenso de la montaña, con mucho cuidado pero sin incidentes.
El viaje hasta Katmandú, igualmente merecería otro artículo monográfico, especialmente la noche de luna llena que pasamos viajando por unas pistas de vértigo montados en la caja de un camión pasando un collado a 3700 m. y con un mar de nubes a nuestros pies que ninguno de los allí presentes olvidaremos en la vida.
En resumen una estupenda experiencia de la que he regresado muy satisfecho.
Más información de la actividad:
Blog de Borja Dominguez.- http://the-south-face.blogspot.com
Web de Viajes Sanga.- http://www.vsanga.com/index.php?opt=nov