Texto escrito por Juan Carlos García:
No hay nada más bonito que sentir la solidaridad a tu alrededor, ese sentimiento tan humano que es capaz de unirnos para conseguir un fin. El pasado fin de semana pude sentir esa solidaridad en Vidrieros, a las faldas del Curavacas, y el fin, el motivo que nos unió, fue sacar de la montaña a Tor, si, un perro, un simple chucho para muchos mortales, pero para nosotros un ser más, un animal que llevaba pidiendo socorro durante seis días y cinco noches.
El sábado subí a la cumbre del Curavacas con Marta, era «un día de perros», y al bajar, a la altura de los prados, escuchamos de nuevo los ladridos y los aullidos que escuchamos al subir. Dudamos entonces si se trataba de la mascota que acompañaba a algún montañero, así que indagamos.
Se trataba del perrillo de una vecina de Vidrieros, que prácticamente había llorado su muerte, más aun cuando le comentamos que era probable que se encontrase cerca de la cumbre. Su perro es el típico perro cariñoso que acompaña encantado a todo turista y montañero que recorren la zona. Ella nos contó que Tor había acompañado a dos montañeros que subieron a la cumbre el martes pasado, y al parecer no había podido bajar.
No podíamos marcharnos de Vidrieros y dejar arriba aquel pobre animal desahuciado y desamparado esperando una muerte segura, así que sin dudarlo montamos un pequeño operativo de rescate, mandamos un was a mis compañeros del Grupo, quienes no dudaron en colaborar, Tente vino de Palencia, Chicote y su hermano de Burgos trajeron material específico de rescate, cuerdas, tornillos, empotradores, cintas, etc…ya que no sabíamos en que circunstancia se encontraría el animal.
Otro grupo de amigos palentinos se ofreció a acercarse a Vidrieros y nos aportaron un arnés específico para un perro de unos 40 kg que era el tamaño estimado de Tor. El dueño del restaurante de Vidrieros nos proporcionó una buena ración de comida para ofrecerle al perro cuando le encontrásemos.
De esta manera, partimos a primera hora de la mañana hacia la ladera sur del Curavacas, donde nos repartimos para iniciar la búsqueda tomando como referencia los escasos ladridos que nos enviaba nuestro amigo. El día no acompañó ya que nos invadió la niebla, pero a pesar de ello nos repartimos y unos subieron por el corredor Sur, otros por el Oblicuo, el resto, Marta, Tente y yo, subimos por el Green Peace, y por fin, cuando Tente asomó por la arista cimera, allí se le apareció Tor con fuerzas para menear el rabo de alegría. Simplemente tenía pánico de descender por lo corredores helados por los que había subido. «¡¡¡Que duros son los perros!!!» cinco noches a 2.450 m sin comer ni beber y con días de intensa ventisca.
Aun tuvo fueras de hacer cumbre, (el descenso más sencillo se realiza por el Callejo, y para ello hay que atravesar la cumbre), y así, ofreciéndole nuestra confianza pudo descender poco a poco por sus propios medios hasta que al final lo entregamos a la dueña, que ayer, seguro que era la persona más agradecida del mundo.
Me apetecía contar esta historia ya que se trata de un bonito ejemplo de solidaridad, esa solidaridad que no debemos perder nunca los montañeros, más aun cuando nos movemos por rincones y parajes en ocasiones muy inhóspitos.
Gracias a todos por vuestra solidaridad.