“Algunas veces quisiera no recordar, pero los hombres y las cosas se confabulan contra mi memoria”
Hace días que intento ponerme a escribir algo sobre Juanma y Alberto, pero hasta hoy, pasado ya un tiempo desde que ocurrió el accidente, no he podido sacar fuerzas para hacerlo. Pasan los días y sigo negándome a cosas tan tontas como borrar sus teléfonos de mi agenda. Tal vez ya son muchos los teléfonos que debería borrar de amigos perdidos en la montaña. Chema, David, Risi, Miriam, Sandi, Miguel Angel, Jose Manuel, Iñaki, Luis…. Y ahora Juanma y Alberto.
Cuando muere una persona siempre hay palabras de elogio en su recuerdo. Es casi una costumbre, un detalle de buen gusto…. Pero en este caso es una auténtica obligación. No creo que nadie pueda contar algo malo de estos dos amigos. Hemos perdido dos personas excepcionales.
No he sido su más íntimo amigo, ni muchísimo menos. Otros muchos, más cercanos, seguro que podían llenar páginas y páginas de anécdotas, buenos recuerdos, historias de generosidad protagonizadas por Juanma y Alberto.
El primer recuerdo que tengo de ellos es en un curso organizado por Alfredo, su entonces profesor en la Escuela de Magisterio. Alberto escalando en el rocódromo con unas botas enormes y lo que nos reíamos todos con sus chistes y chascarrillos. Luego vinieron otras actividades y escaladas los tres juntos, sur de Horcados Rojos, sur del Naranjo, Espolón de los Franceses, travesías de esquí… Con el tiempo, fue con Juanma con quien mas conviví, llegando a compartir incluso una expedición al Dhaulagiri, una montaña de mas de 8000 metros situada en Nepal.
En el verano de 1998, Juanma hizo el “Master de Aire Libre” que por aquellos años impartíamos Angel y yo para la Junta de Castilla y León. En aquel curso también estaba Chusa (ya compañera de Juanma) y otros muchos amigos. No creo equivocarme al afirmar que aquel curso nos marcó para siempre a todos los asistentes. Tiempo después, Juanma junto a Fran y Chema, crearon su empresa Limnun Derco, se casó con Chusa, se fue de expedición con Pedro, luego conmigo, y muchos de los amigos de aquel curso no faltaron el pasado día 4 a darle su último adiós.
Como comprenderéis tengo muchos recuerdos de ellos dos, pero el mas vívido, es su risa franca. Por separado eran alegres y no paraban de reír, pero juntos eran la bomba. Se reían hasta de su sombra.
Decía Unamuno que “Si es la nada nuestro destino, hagamos que esto sea una injusticia”. El pasado día 2, fue el destino el que cometió una gran injusticia. La vida, esa que algunas veces te besa en la boca y otras te da zarpazos despiadados, nos ha arrebatado una parte de nosotros mismos.
Hace unos días, todavía con la tristeza a flor de piel, hablaba con Alfredo, su amigo y antiguo profesor, y decíamos que se nos habían ido dos de “nuestros cachorros”, que si merecería la pena animar a nuestros alumnos a meterse en estos líos, para luego no poderlos proteger. El día del accidente, cuando acudía a toda velocidad a intentar el rescate de mis amigos, recibí una llamada de Chusa, que asustada y conmocionada me decía, “Por favor Tente, sácalos de allí”. Esas palabras me acompañarán el resto de mi vida.
** El titulo de este texto, hace referencia al nombre de una canción de la película “Los Inmortales”.