El pasado día 26 de agosto, mi amigo Jesús Santamaría Fidalgo, moría en un fatal accidente de montaña, cuando realizabamos junto a mi hijo una hermosa cresta en Pirineos.
Ayer, la Universidad de Valladolid, organizó una misa en su recuerdo y al finalizar la misma, leímos unos pequeños textos que habiamos redactado al efecto. Os transcribo el que redacte yo:
Amigo Jesús:
Espero que te vaya bien en este tú nuevo viaje. A un hombre como tú, curtido en mil batallas, no se le pone nada por delante.
La verdad es que nos has dejado a todos descolocados y un poco desvalidos. Supongo que más a tus mas íntimos, pues a fin de cuentas nuestra amistad se remonta a un puñado de años, aunque muy intensos. Muchas cimas ascendidas juntos en invierno y en verano, Curavacas, Espigüete, Naranjo, Peña Santa, Llambrión, Torre Cerredo, Aneto, Gran Paradiso, treks en el Himalaya, noches en refugios, vivacs, campos base, barrancos, cuevas, travesías de esquí, vías ferrata, noches y amaneceres caminando por la montaña… Pero el destino ha querido que fuéramos Juan y yo las personas más cercanas a ti en tu despedida, y te juro que ha sido una triste despedida con la que tendré que vivir el resto de mi vida.
Recuerdo que hace unos meses tras el accidente de Juanma y Alberto en Espigüete, nos decías a Memé y a mí que no nos preparan para la muerte y ¡qué razón tenías! Mira que por mi trabajo y mis aficiones he visto y vivido casi de todo, pero hay cosas para las que nunca estás preparado. En momentos así, te das cuenta de lo frágiles que somos, de que la diferencia entre la vida y la muerte es solamente un instante, un latigazo seco y cortante en el que todo cambia de repente para no volver a ser nunca igual. Pero también nos decías que allí arriba nadie escapa a su destino y que la vida sigue aunque nos duelan las ausencias. Es precisamente nuestra fragilidad la que hace de esta vida algo tan apasionante. ¡Qué soso sería todo si fuéramos inmortales! Afortunadamente estamos hechos de materia blanda y frágil, nuestra vida sólo es posible en un rango estrechísimo de temperatura, necesitamos una recarga constante de combustible líquido y sólido, somos imperfectos, nos equivocamos constantemente… pero todas estas cosas son las contrapartidas por el hecho sublime de tener sentimientos, y es eso lo que ¿verdad Jesús? buscamos en las montañas, sentir, y a veces arriesgamos demasiado para conseguir esos instantes sutiles y efímeros de sentimiento puro. Ya se que casi nadie comprende esto, pero tú Jesús, se que me entiendes.
Hace unos días hemos subido a Curavacas y brindamos a tu salud con una copita de cava, como a ti te gustaba. Y con copas de cristal ¡he! nada de vasos boliseros de plástico. Juan te echa mucho de menos. Recordarás que siempre dice que quiere una furgoneta como la tuya, que le recuerda a su habitación, siempre desordenada.
Ya sabes que con mi poca preparación y mi mucha ignorancia, yo clasifico a las personas solamente en dos tipos, las que ayudan y las que no; y tu eres de las que ayudan, y mucho. Dicen que no nos vamos del todo mientras se nos recuerde, así que tú Jesús, vas a perdurar por muchísimo tiempo, pues has dejado una legión de amigos repartidos por todo el mundo, que no te olvidaran nunca.
Muchos recuerdos de Memé, tu familia, tus amigos, compañeros de la universidad, alumnos…y tú da recuerdos a Juanma, Alberto y al resto de amigos la próxima vez que coincidas con ellos subiendo la “Montaña Análoga”, esa que dicen, une la tierra con el cielo.
Buen viaje compañero.