Paisajes que cuestan un riñón.
Hay personas que tenemos un vicio o quizás una obsesión y es vivir la vida con intensidad y con ganas. Es decir, buscar vivencias distintas que nos permitan llegar a rincones únicos y diferentes para romper con la monotonía vital que el día a día muy frecuentemente nos depara. Cada vivencia es una película personal que tiene sus personajes, su argumento y sus escenarios y localizaciones. Ya hemos presentado en estas entregas a algunos de los personajes, como los porteadores o la biodiversidad que nos acompañaba, pero el gran protagonista de esta historia es sin ninguna duda los escenarios y los espectaculares paisajes glaciares que merecen una dedicatoria especial.
Hay otras personas que prefieren ir a una sala de cine para que les cuenten historias que otros han creado, sentados cómodamente en un buen sillón con una buena bolsa de palomitas y un buen refresco, pero otros preferimos crear y vivir nuestras propias historias y filmar nuestras propias películas de aventura. Cuanto más complicadas y esfuerzo requieren y cuanto más nos enfrentamos a situaciones imprevistas y sorpresivas más nos hace sentirnos vivos -que la vida fluye por nuestra arterias- y disfrutar a tope. No es lo mismo contemplar un paisaje desde la distancia que inmiscuirte en él para desentrañarlo hasta lo más profundo. El disfrutar de los paisajes glaciares de Karakorum es sin duda duro, cuesta casi un riñón, no tanto por su precio -que tampoco es barato- sino por el gran esfuerzo que supone estar 13 días recorriendo unos 150 kms, sorteando continuamente grietas; saltando de roca en roca que en cualquier momento se desequilibran enviándote al fondo de la nada; cruzando ríos de aguas glaciares que fluyen con bastante fuerza y mala leche y cuyos puentes hay que construir temporalmente; patinando por superficies heladas llenas de grandes bloques que cuan laberinto hay que ir sorteando para buscar la salida. Cruzar un glaciar de unos 2 kms puede llevar más de 3 horas. Sobre el terreno uno acaba comprendiendo como en la planificación había etapas diarias de solo 5 kms. Parecía chupado pero estos terrenos requieren un esfuerzo y entrenamiento añadido, que personalmente he llevado bien, pero que me ha costado perder más de 6 kilos y venirme acompañado de una persistente diarrea.
Cuando hace años investigaba sobre las preferencias paisajísticas de la gente aparecía que mayoritariamente los gustos de la mayoría tienden a decantarse por los paisajes amables con vegetación, agua y algo de presencia humana. Paisajes que sustentan la vida y la biodiversidad. Muy pocos preferirían estos paisajes glaciares. Paisajes hostiles, complicados para moverte por ellos, con algunos o bastante riesgo según se mire. Entornos adversos y duros donde la vida humana permanente no es posible. En todo el recorrido no hemos encontrado ningún asentamiento o presencia humana y las pocas poblaciones próximas solo suelen habitarse en verano. Imaginaros recorre 150 kms en España sin encontrar ni un alma. Impresiona solo de pensarlo. Pue eso, que el 95%, por no decir el 99% de los mortales, no estaría dispuesto a acompañarnos en esta película particular que solo 53 personas han disfrutado esta temporada y no mas de 300 (quitando la población local) desde que se organizan estas expediciones. Somos unos egoístas-privilegiados, pues al final creamos una película para disfrutarla nosotros solos. Pero estos escritos y estas fotos sirven para compartirlas y quizás generar una sana envidia para que otros -quizás tú- te animes a dar el salto a crear tus propias vivencias glaciares o no.
El viaje tiene sin duda una importante dimensión educativa, pues incluye toda una graduación de geografía glaciar por experiencia directa, a veces tan directa como ver de morros la estructura y composición del suelo helado. Lagunas de aguas transparentes que invitan a un engañoso placido baño. Glaciares con sus complejos laberintos de hielo y roca que es necesario subir y bajar mil veces y que uno aprecia como el tamaño y abundancia de esas rocas suele ser mayor cuando nos movemos por las morrenas laterales y se transforma en una superficie casi de pista de hielo en la zona central con sus penitentes y grandes piedras zen flotando de forma increíble en el aire. Pista surcada por grietas y rimayas que a veces desaparecen por la acumulación de nieve recién caída, que las disimula dando una falsa continuidad y que siempre hay algún desaprensivo o despistado que pisa y acaba con los pies colgando en busca de los negros infiernos helados (osease yo y mis circunstancias). Menos mal que los compis están al tanto para echar una urgente mano y la visita a los infiernos se queda para otra ocasión.
Lo estudios dicen que un increíble 10% de la Tierra está cubierta de masas de hielo glacial, pero para los amantes de estos paisajes, estas escenas de película están retrocediendo y perdiéndose drásticamente a gran velocidad. Hoy mismo aparece una noticia en la prensa que nuestro gran glacial del Aneto le quedan solo 5 años (un telediario geológico, vaya). En otras épocas llegaron a ocupar el 30% de la superficie terrestre. Pero curiosamente estos mismos estudios cuentan que en el Karakorum se da una anomalía climática. Mientras en otras partes del Himalaya los glaciares retroceden, en estos rincones que hemos visitado siguen presentado un balance de masa helada positivo. Curioso. Hay distintas explicaciones: como posibles peculiaridades climáticas de mayor precipitación invernal, la gran altitud a la que se encuentran, pero quizás la más llamativa es que estos glaciares al estar cubiertos por esa retahíla de piedras de todos los tamaños, aísla al hielo del calor directo del Sol y el efecto de calentamiento disminuye de forma considerable. Parece que las piedras que nos encontrábamos por el camino cumplen una beneficiosa función por lo que hay que alegrarse. Así que no hay prisa, aún tienes mucho tiempo para ir a visitar estos grandiosos enclaves antes de que desaparezcan. Pues si hay algo que me ha llamado la atención de los lugares visitados es la inmensidad de todas las magnitudes del paisaje que presenciábamos.
Os dejo con algunas fotos que algo trasmiten de lo que os cuento, aunque como siempre, mejor en vivo y en directo.
Javier Benayas.