Hace unos días un buen amigo me regaló una pequeña joya. Un libro sobre escalada en roca editado en 1947. Tengo una biblioteca «curiosa» de libros de montaña y entre ellos algunos antiguos que ya empiezan a ser raros. Es por eso que este ejemplar me ha encantado. En sus apenas 60 paginas da un repaso a todos los aspectos de la escalada en roca, evidentemente desde la perspectiva de los años 40. Transcribo a continuación el primer capitulo y las primeras frases de los capítulos de «Material» y «La cordada». Algunas cosas evidentemente han cambiado mucho, pero otras sorprendéntemente permanecen aún plenamente vigentes. Juzgad vosotros mismos:
APTITUD FÍSICA – PREPARACIÓN MONTAÑERA, MORAL Y ESPÍRITU
Poseer buena salud es condición indispensable para practicar la escalada; especialmente el corazón y el sistema nervioso han de funcionar de una manera perfecta, sin fallos ni irregularidades, garantizando al escalador, en todo momento, un rendimiento físico normal y un seguro control de sus actos.
En la montaña, el hombre ha de afrontar una serie de obstáculos y dificultades: unos, propios del terreno, o sea del ambiente en que se actúa; la constitución orográfica, el mal tiempo; otros, como el vértigo y la fatiga o el mal de montaña, de índole particular. Para superar estos inconvenientes, el montañero necesita un entrenamiento adecuado, y el mejor gimnasio para realizar este entrenamiento o preparación será la montaña misma. Una actividad completa a base de marchas, campamentos, vivaques, ascensiones normales, etc., en aumento progresivo de dificultad y exigencia de esfuerzo, será el mejor método a seguir. Una vez conseguido este grado de aptitud física, es conveniente mantenerlo y cuidarlo, observando un régimen de vida normal y sin excesos que puedan llegar a perjudicar la salud.
Otro factor importantísimo en la vida de un escalador es la moral. Imaginemos un individuo físicamente perfecto, fuerte, ágil y resistente; si esta espléndida envoltura de carne y hueso no contiene un “algo” que lo anime, que lo empuje, que lo fuerce en muchos casos a aceptar cosas repelentes al natural deseo de bienestar y comodidad, no será sino una masa inanimada. Ese espíritu, que se deja ver a través de los actos mecánicos, constituye la moral del escalador.
¿Cuáles son los efectos de esa moral? ¿Qué cusas la producen? Los efectos son bien claros y están a la vista de todos: las atrevidas ascensiones –que en días no lejanos se consideraban imposibles-, el trazado de vías nuevas y “directísimas”, las tentativas repetidas sin desmayo hasta conseguir vencer la cumbre hostil, el constante estudio y aplicación de nuevas técnicas y procedimientos, etc. Leyendo las reseñas o crónicas de las ascensiones, puede el lector adivinar, entre líneas, los instantes de desaliento que ha tenido que vencer una cordada, el tesón y la voluntad de descubrir la “vía” y seguirla, la ansiedad y la alegría de la victoria por fin conseguida; la fuerza moral de estos escaladores se descubre en sus relatos y puede incluso fortalecer y acrecentar la del lector.
¿Las causas de esta moral? ¿Cómo se consigue y de dónde procede? No es tarea fácil contestar a tales preguntas. La escalada no es un deporte lucrativo; el profesionalismo todavía no ha hecho presa en él; no es tampoco un deporte exhibicionista, puesto que el escalador sabe que ningún público se congregará para aplaudir su actuación; no existen competiciones, torneos o campeonatos de escalada, ni es tampoco un deporte fácil y cómodo. Por lo tanto al escalador no le mueven ni el afán de ganar dinero, ni los aplausos que puedan prodigarle, ni la rivalidad de equipos. Estos tres móviles no tienen cabida en la escalada.
Desde muy antiguo, el hombre se ha sentido atraído por las cumbres; la Mitología colocó en ellas las moradas de los dioses y la idea de la divinidad, a través de todas las religiones, se ha vinculado siempre a la altura. El ansia de subir, de ascender es inseparable a la Humanidad.
Unas veces por motivos religiosos, otras por motivos guerreros o simplemente por puro deseo de hollar lo desconocido, el hombre se enfrentó con las montañas, despreció agobiantes supersticiones y empezó la conquista de las cumbres.
La escalada es una expresión física de este anhelo humano de remontarse hacia la altura, no por medios mecánicos –entre el aviador, dueño del espacio y el escalador señor de las cumbres, media una gran diferencia-, sino bregando con la montaña, sintiéndola bajo nuestros pies y dominándola. La escalada es un imperativo, llamémosle poético, que nos mueve a buscar el camino más atrayente, aunque sea el más difícil.
EL EQUIPO
Sencillez, comodidad y eficiencia has de ser las principales cualidades que ha de reunir el equipo de un escalador. Todas las prendas han de adaptarse al servicio que van a prestar, prescindiendo de detalles superfluos y engorrosos. Todas estas razones de tipo práctico, y en cada caso particular otras de orden económico, presidirán la elección de las distintas partes del equipo.
LA CORDADA
Por regla general, un escalador no va solo a la montaña. Emprender una ascensión un individuo aislado no es aconsejable en manera alguna. Los riesgos y dificultades aumentan considerablemente cuando el escalador no puede contar con la ayuda moral y material de sus compañeros de cordada. Un elevado tanto por ciento de los accidentes que se producen en la montaña se deben a imprudentes intentos de escaladas solitarias.
Titulo.- Escalada sobre roca.
Autor.- Jose Ponte.
Editorial.- M. Arrimany. Barcelona 1947
Precio.- 15 pesetas.