Los primeros intentos al espolón Norte de Espigüete, (estival) se remontan a los primeros años setenta, y fueron protagonizados por burgaleses, vallisoletanos y palentinos principalmente.
En aquellos años hay que entender que el hacer montaña era bastante distinto a como es ahora. Simplemente el hecho de llegar hasta la montaña palentina, significaba todo un reto. No había apenas coches particulares y los medios colectivos se limitaban a los “coches de línea” que te aproximaban hasta Guardo o Cervera. En concreto para Espigüete lo mas normal era coger el “Aja” hasta Guardo, otro coche de línea (el Royal bus) hasta Velilla y de allí tres posibilidades; andando hasta Cardaño (no os asustéis, se hacia con cierta frecuencia), coger un taxi hasta Cardaño (generalmente el de Carri) o aprovechar el coche del panadero que vendía su producto por la ruta de los pantanos. De cualquier forma, solo nos planteábamos un viaje a Espigüete en puentes de varios días, pues sino, no había tiempo material. Veo ahora, treinta y tantos años después, como han cambiado las cosas, cuando subimos en el día y si madrugamos llegamos a comer a casa. En aquella época toda una expedición.
De los palentinos mas motivados en aquella época por conseguir aquella ascensión, sobresalían Aspi, Zarza, May….. y de los vallisoletanos, Vidal, Benito….. Sobre todo Aspi y Zarza, curraron mucho y llegaron a vivaquear varios días en la plataforma que hay en la base del largo de artificial, colocando la mayor parte de los buriles que ahora jalona dicho largo.
Simplemente el hecho de llegar a “La Uve” significaba todo un reto. Se probaron tres itinerarios, desde el Corredor Norte, por el circo de la vertiente Noreste y haciendo todo el espolón Norte desde abajo y rapelar desde la cima de la ahora llamada Torre de la Uve. Al final se llego a la conclusión, que lo más práctico era desde el corredor Norte.
Al final el nueve de septiembre de 1978, una cordada mixta palentino-vallisoletana, formada por Aspi, Benito y Tomas Madroño, consiguió la tan ansiada primera.
Nada más conseguirse la primera ascensión, se empezó a pensar en la primera invernal. La cosa ya se ponía muy seria, e incluso el material del que disponíamos en aquella época, estaba al límite para dicha escalada, y no digo nada de nuestra capacidad técnica, pero la motivación lo puede todo.
Los intentos fueron menos numerosos, pues si acceder en verano a la zona era difícil, en invierno se ponía aun más, pero los años corrían inexorablemente y los coches particulares empezaron a ser más habituales, facilitando el acercamiento a las montañas. Ya podíamos ir un fin de semana normal, todo un record.
Después de varios intentos por parte de otras cordadas, el día 4 de enero de 1981, Aspi y un servidor, conseguíamos la primera invernal. Recuerdo aquella época con una añoranza terrible, supongo que como todos recordamos cuando teníamos 19 años. Aspi y yo estábamos en forma y poco antes habíamos abierto en verano e invierno el Corredor Angel Villan en Curavacas.
Aquella primera invernal significo mucho para mí. El día que la hicimos no hacia nada bueno. Recuerdo un día con muchas nubes y muy ventoso. Hacia frío, como se puede observar en las fotografías por la cantidad de ropa que llevamos y en el largo de artificial que me toco a mi de primero, el viento me hacia tambalear en los estribos, pues quienes colocaron los buriles, lo hicieron de forma magistral y están muy distanciados unos de otros.
Viendo ahora las fotografías, me doy cuenta que debimos pasar bastante miedo, pues de la escalada apenas hay una foto, y hasta que no hicimos cumbre no sacamos la cámara para inmortalizar el momento. También hay que tener en cuenta que solo teníamos una cámara, una “Súper Beirete”, que me había regalado mi hermana por mi cumpleaños unos años antes y que me acompaño en muchísimas escaladas hasta que murió dignamente tras una caída de 200 metros.