Este artículo es un resumen del capítulo 12 del libro sobre la historia de Curavacas que estamos escribiendo Tente Lagunilla y Carlos M. Martín.
Tenemos la esperanza de que esté disponible en las librerías a lo largo de esta año 2020.
Las fuentes documentales no recogen ascensiones deportivas a Curavacas hasta la segunda década del siglo XX. El nacimiento de la centuria había traído consigo un renovado interés por las montañas. El montañismo comenzaba a consolidarse como un reflejo del espíritu deportivo asociado a la conquista épica y a la exploración de los límites del ser humano, impulsado tanto por la paulatina aparición de nuevas técnicas como por el propio influjo que ejercían las figuras de algunos personajes relevantes. Cabe destacar, entre ellos, a Luis Amadeo de Saboya, nacido en 1871 en territorio español -hijo de Amadeo I, ostentó el título de duque de los Abruzzos-. Viajero incansable y explorador intrépido, no sólo divulgó los conocimientos adquiridos sobre las montañas visitadas sino que también mostró particular interés en la difusión del espíritu de aventura deportiva que caracterizaba a las grandes conquistas.
En nuestro ámbito más cercano, y en particular en cuanto se refiere a las montañas del ámbito cantábrico, el inicio del siglo XX recoge algunos hitos importantes. Como tal puede considerarse el primer ascenso al Naranjo de Bulnes, protagonizado por Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós y Gregorio Pérez Demaría el 5 de agosto de 1904.
La primera cita documentada de una ascensión deportiva (1) a Curavacas data de 1914. Protagonistas de la conquista fueron Julián Delgado Úbeda y Juan Martín García.
Julián Delgado Úbeda nació en Madrid en 1895 y falleció en su ciudad natal en 1962. Su vinculación familiar a Carrión de los Condes propició estancias prolongadas en esta ciudad durante su juventud, circunstancia que favoreció su “predilección” (2) por la Montaña Palentina. Siguiendo tradición familiar, ejerció como arquitecto –profesión que también desempeñaría en Palencia, adscrito a la Delegación de Hacienda-.
Su pasión por las montañas motivó que interviniera en proyectos de diversas edificaciones “de altura”, planificando e interviniendo en refugios de nuestras montañas -Vega de Urriello al pie del Naranjo de Bulnes, Collado Jermoso en Picos de Europa, Vega de Ario y Vegarredonda en el entorno de los Lagos de Covadonga, Zabala en La Laguna de Peñalara…-, albergues -como el de la Fuenfría o el Chalet Peñalara- y otras edificaciones -como la conocida Venta Arias en el puerto de Navacerrada-. También diseñó la fuente de los Geógrafos en el Guadarrama. Fue primer presidente de la Federación Española de Montañismo, desde su creación en 1941, hasta su fallecimiento. Considerado como figura destacada del montañismo español del siglo XX, fue homenajeado mediante la dedicación del mirador del Tombo -que había diseñado y no pudo ver realizado-. Diversas cumbres fueron bautizadas con su nombre, tanto dentro de nuestras fronteras -Torre Delgado Úbeda, que culmina a 2485 m. sobre el refugio de Collado Jermoso- como fuera de ellas -se asignó su nombre a una cumbre de los Andes peruanos de 5.500 m.-. La vinculación de la familia de Delgado Úbeda a la Montaña Palentina propició la oferta de realización del proyecto arquitectónico del refugio del Club Espigüete, que había resultado arruinado por una avalancha de nieve en 2015. Su nieto, Jorge Delgado, recuperó el legado que su abuelo conservaba en forma de libros, cartas, fotografías, mapas y archivos, y ha realizado diversas actuaciones orientadas a la divulgación de este interesante material. Entre lo rescatado figuran textos tan interesantes como el que recoge el guion de una conferencia impartida en la Casa de Palencia de Madrid

Primera página del guión de la conferencia impartida en la Casa de Palencia en Madrid.
Gentileza familia Delgado Úbeda.
en la que, entre otros aspectos, aborda los emocionados recuerdos que produjo en él un viaje en bicicleta, desde Carrión de los Condes, a la Montaña Palentina realizado en 1910. En el texto de su discurso destacan palabras dedicadas a una de las más populosas villas norteñas: “Yo admiro, si, el progreso de Guardo y su próximo porvenir, pero no puedo por menos de acordarme de cuando yo oía el nombre de ese pueblo desde las llanuras carrionesas, y lo consideraba como una tierra desconocida y remota, llena de nieves, de lobos y de malos espíritus de la montaña”. Permaneció grabada en su memoria la leyenda que encontró en un letrero colocado en una puerta de barrotes, protegida tras un atrio cerrado, en el que podía leerse:
“Caminante que andas por el mundo
y vas a la Eternidad,
rezadnos un Padrenuestro
que Dios os lo pagará”.
Su periplo ciclista lleva a Delgado Úbeda, que entonces contaba con quince años de edad, a las proximidades de las más altas montañas –que califica como “tierras incógnitas”-. Se adentra “…por los dominios de las grandes moles rocosas del erguido Espigüete, de afilada punta, y del Curavacas, macizo sombrío y poderoso a cuyo pie hay un lago de leyendas de trasgos y dragones”. La pasión por Palencia lleva a manifestar al montañero en ciernes que “En Palencia hay valles tan jugosos como los que vais a ver. La Valdavia, La Ojeda, La Pernía, son valles maravillosos que admiten comparación con los más hermosos del mundo. Fértiles valles regados por el Carrión y por el Pisuerga, cuya armonía acerté a comprender cuando era niño y que aún me conmueve cuando la vuelvo a contemplar, o simplemente al añorarla”. Su emoción es de tal intensidad, que convierte a Delgado Úbeda en el mejor embajador en aquellos años de las bellezas y riquezas de la Montaña Palentina. La conferencia alcanzó resonancia en la prensa madrileña, que dedicó en el apartado “Madrid al día” una inserción titulada “Viaje imaginario por la provincia de Palencia”,

Artículo publicado en la prensa madrileña, a raíz de la conferencia.
Gentileza familia Delgado Úbeda.
en la que el periodista (3) concluye que “el resultado de la charla fue, ni más ni menos, encendernos en vivos deseos de recorrer los parajes palentinos, para conocerlos, si nos son ignorados, o para recrearnos con su contemplación, si ya nos son conocidos”.
Juan Martín García, compañero de expedición de Delgado Úbeda en la primera cita con la cumbre de Curavacas, era a la sazón maestro en Vidrieros y accedió a acompañar a un joven Julián Delgado Úbeda, que contaba entonces con 19 años de edad.
Juan nació en Vidrieros el 8 de abril de 1885 y murió en la misma localidad el 5 de noviembre de 1953, es por lo tanto el primer palentino con constancia escrita y fehaciente que asciende a Curavacas.
El hijo de Juan Martín, José Martín, también fue maestro en Vidrieros, aunque éste naciera en Alba de los Cardaños. Posteriores generaciones de esta estirpe, siguen ligados a Vidrieros, donde poseen aun la casa familiar, de donde partieron Julián y Juan en su primera ascensión.
De esta familia hay representantes hoy en día en Cervera de Pisuerga, Palencia… con muchos de los cuales nos une una buena amistad.
Los datos sobre esta primera ascensión con espíritu deportivo deben extraerse de un relato muy posterior que aparecería inserto en una edición extraordinaria de la revista “Peñalara” editada en 1930 (4).

Primera página del artículo de Julián Delgado Úbeda en el número 200 de la revista Peñalara de 1030.
Gentileza del Club Peñalara.
Narra Delgado Úbeda como catorce años atrás había visitado Vidrieros “con motivo de otra ascensión que realicé al pico”. No concreta datos relativos a la fecha, pero deja constancia, por el contrario, de la ruta seguida, que transita por los Prados de Cabriles, Senda de Enmedio, Puerto Hospital y grietas finales. Este itinerario se relaciona con la vía ordinaria hoy conocida como del Callejo Grande.
No contamos con fotografías de la ascensión de 1914 de Delgado Úbeda. Si que quedó constancia gráfica, sin embargo, de la conquista de 1928.

Fotografía original de Delgado Úbeda en la que se ve a Juan Martín descendiendo hacia Pineda tras su segunda ascensión a Curavacas en 1928.
Gentileza familia Delgado Úbeda.
La fotografía había ido cobrando importancia como técnica de reproducción de la imagen para la divulgación no solo de aspectos relacionados con el territorio donde se enclavan las montañas sino también para la planificación de rutas de acceso y vías de ascenso. El propio Delgado Úbeda se declara “apasionado de la fotografía” en la conferencia que imparte en Madrid, en la que relata las impresiones de un viaje por la provincia de Palencia.
Debemos esperar hasta bien entrados los años 20 del siglo XX para encontrar reseña documental de una nueva ascensión. El día 3 de junio de 1926 Alejandro Goicoechea Omar, Felipe Villanueva y un tercer acompañante del que no se da el nombre en el artículo escrito con posterioridad, conquistan la cumbre de Curavacas, anotándose la segunda ascensión deportiva documentada.
Alejandro Goicoechea fue un ingeniero vizcaíno -nacido en Elorrio en 1895 y fallecido en Madrid el año 1984-
en cuyo currículo se anotan importantes reseñas. Sin duda la que mayor renombre alcanzó fue la paternidad del diseño del TALGO -acrónimo de la expresión “Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol”-. Dirigió la construcción del denominado Cinturón de Hierro para la fortificación de Bilbao frente al avance de las tropas franquistas durante la Guerra Civil Española -desertó en 1937, proporcionando al bando rival detalles sobre la fragilidad de determinados puntos del Cinturón, que ayudaron a quebrarlo, posibilitando la entrada del ejército franquista en Bilbao-. Su figura aparece asociada al ferrocarril de La Robla, como director del mismo. Se da la circunstancia de que Alejandro Goicoechea es, en el momento de la ascensión, director del FEVE, circunstancia que le permite conocer con detalle la Montaña Palentina -asciende a Espigüete en 1925 y a Peña Prieta en 1927-.
Felipe Villanueva Fernandez, fue un empresario minero en Vado y en otros lugares de la montaña palentina. Falleció en 1967, cuando contaba 92 años de edad. De origen asturiano, recala en Guardo donde compra Minas de San Luis S.A. Posteriormente se asienta en Cervera donde se casa con Máxima Castañón. Tienen ocho hijos de los cuales solamente uno, Manuel, hereda la afición a la montaña. Manuel (1915-1997), estudia con Goicoechea en el colegio Orduña, de los Jesuitas en Bilbao (5).
Felipe hace algo más de montaña, esporádicamente, con Goicoechea, con el que tiene mucha amistad. Su hijo Manuel mantuvo su afición a la montaña durante toda su vida. Asciende el Illampu –en Bolivia- en 1967 y realiza mucha actividad en España.
Detalles de esta ascensión han quedado perpetuados a través de un artículo escrito por Goicoechea y firmado bajo el seudónimo de “Capis-Gargoi” publicado en la revista Pyrenaica.
Parten de Cervera de Pisuerga “por reciente y movida carretera” que conduce a Triollo, donde deben dejar estacionado su vehículo -muere allí la vía asfaltada-. Las sucesivas revueltas de la senda de Vidrieros ocultan y dejan ver, sucesiva y caprichósamente, la mole rocosa de Curavacas, que parece ir elevando paulatinamente su altura para intimidar a quienes pretendan “dominar su altiva testa”. La fachada meridional de la montaña ofrece una imagen en la que “sus vertientes nos aparecen cual verticales y en ellas, extensos brochazos blancos delatan depresiones y torrenteras colmadas de recientes nieves, manchones que destacan sobremanera en aquella inmensa mole negruzca formada casi en su totalidad de pudingas”. El aneroide marca 1.260 metros de altitud cuando llegan a Vidrieros. Contemplan la perspectiva completa de la montaña, y, dado “que ninguno de los tres la conocemos”, deciden “subir a la ventura”, si bien los habitantes de Vidrieros indican que solamente existe una vía de acceso. Inician la aproximación por una calzada que, en su opinión, debió servir para bajar la madera que producían los bosques que en otro tiempo cubrían estos parajes. Trepando por veredas que atraviesan torrenteras repletas de canto rodado, alcanzan el contrafuerte oriental, “debiendo pasar a la vertiente opuesta” donde se ven “abocados a un enorme precipicio de más de cien metros de caída” que no pueden atravesar. Deciden continuar por la misma ladera que traían, en oblicuo, aunque no la encuentran practicable, al “tratarse de roca viva cubierta de grandes bloques desprendidos del núcleo principal”. Encuentran una “garganta o torrentera que, aunque cubierta de nieve y en vertiginosa pendiente” les parece, “sin embargo, regularmente practicable”. Avanzan fatigosamente, al tener que abrir huella en la nieve, y consiguen coronar el alto. La descripción que realiza Alejandro Goicoechea refleja de manera muy fidedigna el paso por diferentes tramos del Callejo Grande -en aquella época aún no se le había asignado este nombre-, y constituye una importante aportación al conocimiento de un itinerario que se constituirá en “vía normal” de ascenso -por su relativa sencillez, salvo que las condiciones meteorológicas se empeñen en contradecir esta apreciación- que habrán de seguir innumerables montañeros. Desde la cima contemplan como “… duerme el poético sueño el pequeño lago que da vida al Carrión…”. Intentan descender en su dirección, hacia el norte, pero la nieve helada que cubre los vertiginosos farallones hace que desistan de este intento y retornen para destrepar la vía del ascenso, que completan tras no pocos resbalones y caídas que afortunadamente no traen graves consecuencias.
Leyendo el artículo de Pyrenaica nos asaltan dos dudas: el nombre del tercer integrante del grupo y la enigmática firma “Capis-Gargoi. La investigación realizada para el desarrollo de este capítulo hizo que topásemos con una información muy jugosa; una carta manuscrita

Primera hoja de la carta de Goicoechea a Angel Sopeña y transcripción completa de la misma.
Facilitada por Jesús de la Fuente.
de Goicoechea dirigida a Angel Sopeña -“padre del alpinismo vasco”- en la que se ofrece a escribir artículos para la revista Pyrenaica, en concreto sobre montañas de la Cordillera Cantábrica de la que se siente particularmente “enamorado”. En esta carta facilita el nombre de su compañero de fatigas habitual, “José García, natural de Reinosa… Compañeros de profesión (ingenieros militares)”. También en el mismo número de la revista Pyrenaica, en el apartado de “concurso de altura, 1926”, figura la entrada “Nº 7.- Curavacas. (2.519 m.) en la Cordillera Cantábrica, por los federados Sres. José García y Alejandro Goicoechea.”. Quedaba así resuelto el primer enigma. Faltaba por determinar el origen de la firma “Capis-Gargoi”. La solución, una vez conocido el nombre del compañero, resultaba relativamente sencilla de desentrañar: Capis sinónimo de conquista o logro y Gargoi de Garcia-Goicoechea.
En septiembre de 1928 Julián Delgado Úbeda, que contaba entonces con 33 años de edad, y Juan Martín García -43 años- repetirán asalto a la cumbre del Curavacas. En esta oportunidad se plantean una nueva ruta que parte del entorno de la Curruquilla -cumbre de 2.416 m. en dirección a sol poner-. El relato de la expedición quedó plasmado en un interesante artículo, firmado por Delgado Úbeda. Se publicó en la revista Peñalara (6), y en él no solo se da cuenta de la ascensión, sino que también se recogen interesantes datos relativos al entorno del valle de Pineda. Julián Delgado Úbeda partió de Cervera de Pisuerga una mañana de septiembre de 1928, a bordo de una pequeña motocicleta,

Fotografía de Julián Delgado Úbeda y la que posteriormente fuera su mujer, en la motocicleta con la que viajaba a la Montaña Palentina. Alrededor de 1920.
y tras bordear el “pantano del infante Jaime” (7), alcanza sucesivamente Santibáñez de Resoba, La Lastra y Triollo. Desde allí debe dirigirse a Vidrieros, por un camino de tres kilómetros en el que confiesa que en una oportunidad dio “tres vueltas de campana hasta llegar al río, yendo en moto”. Buscó al maestro Juan Martín, con quien había ascendido en 1914 y a quien califica como “entusiasta cazador de rebecos”. Juntos emprenden la marcha sobre las nueve y media de la mañana. En esta ocasión no se dirigen a la denominada “senda del medio de la peña” -que asciende a través del Callejo Grande-, sino que optan por seguir la margen izquierda del río de Valdenievas para alcanzar Los Portillos y, posteriormente la línea de cumbres, jalonada por tres resaltes. Alejandro Díez Riol detalla el recorrido, que considera una “buena vía en Curavacas”, señalando que “toman el camino de los Portillos, Arroyos de Valdenievas y Resollar o Postil de Soña y ascienden a la cresta, posiblemente en algún punto entre la Curruquilla y Curavacas”(8), siguiendo la línea de cumbres de oeste a este.
Alcanzan la cumbre oriental -la más elevada- sobre las doce y media de la mañana y dejan en ella una tarjeta de salutación “para todos los montañeros de todas las regiones”. Tras permanecer hora y media en la cumbre deciden descender por el circo septentrional que acuna al Pozo Curavacas, donde podrían encontrar el agua que echaban en falta. Califica Delgado Úbeda la bajada a la Huerta Grande como “francamente mala” y destaca que discurre por paredones similares a los del acantilado de la laguna de Peñalara, con mayor desnivel aún en los de Curavacas. Alcanzan el Pozo Curavacas y, antes de atacar las provisiones alimenticias, no duda Delgado Úbeda en bañarse en sus frías aguas, batidas por “bastante oleaje”.
La década de los veinte del siglo pasado aún conocería una nueva conquista documentada. Javier Cabezas asciende a “los picos del Curavacas” en 1929. Su referencia al remonte de la calzada romana por Pineda hace presumir que lo abordó por la cara septentrional. El cierre de la década traerá notables registros para el montañismo regional. También en 1929 el burgalés Próspero García Gallardo asciende a las cumbres del Mont Blanc y del Cervino acompañado por un guía. De la presencia de García Gallardo en Curavacas existen diversos testimonios gráficos -vertiente sur, collado del Hospital…-. Este pionero y precursor del montañismo burgalés completaría un palmarés muy notable, en el que destacan conquistas como la vigesimoquinta ascensión absoluta al Naranjo de Bulnes -agosto de 1933- o los ascensos del Monte Rosa -1955- y Zinal Rothorn -1956-, que acreditan una brillante “hoja de servicios” en la montaña.
NOTAS:
1 – En el año 1909, José García Siñeriz (Como guía emplearon a Donato Perez, vecino de Vidrieros) había realizado una ascensión “no deportiva”, orientada a la instalación de un vértice geodésico y con anterioridad los pastores y habitantes de los pueblos cercanos con toda seguridad habrían ascendido a Curavacas, pero estas ascensiones no se pueden considerar “deportivas”, entendiendo por este término las ascensiones realizadas simplemente por el afán de subir, sin ningún motivo material o profesional.
2 – Alejandro Díez Riol recoge en Historia del Montañismo Palentino, op cit., pág. 51, las palabras de Julián Delgado Úbeda, relacionadas con sus estancias en Carrión, publicadas en el número 166 de la revista “Peñalara, editado en octubre de 1927: “Yo sentí la curiosidad de desentrañar el misterio de esas montañas que se me aparecían como en un ensueño…/… Y al ascender a sus cimas y recorrer sus valles tuve mi inclinación montañera. Nadie ha de extrañar mi predilección por ellas”.
3 – Firma la crónica Fermín DEL VALLE OJEDA.
4 – Número 200, extraordinario, de agosto de 1930.
5 – Circunstancia por la que Goicoechea recurre a su padre cuando quiere subir Curavacas.
6 – Número 200, de agosto de 1930.
7 – Hoy denominado embalse de Cervera-Ruesga o pantano de Ruesga.
8 – Historia del Montañismo Palentino, op. cit.
Agradecimientos en la documentación de este capítulo:
- Alejandro Díez Riol.
- Jorge Delgado. (Nieto de Julián Delgado Úbeda)
- Joaquín Herrero Gil.
- Alfonso Luis Doce Díez.
- Jesús de la Fuente.
- Felix Rodríguez Martín, Miguel Ángel Martín y Dámaso Martín. (Familia de Juan Martín)
- Dolores Villar Villanueva (Nieta de Felipe Villanueva)
© Texto y fotografías, Tente Lagunilla y Carlos M. Martín.
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