Crak, crak, crak. Las puntas de mis crampones se clavan en el hielo verde del espolón entre el Campo II y el III.
Hemos salido tarde del Campo II, pues la previsión de la meteo no estaba nada clara. Llegamos al Campo III después de seis horas de pelear con el duro hielo de los serac que forman este espolón y después de pasar el primer susto cuando una avalancha barre todo el corredor que hay que cruzar para acceder al espolón. Por suerte nosotros ya estamos altos cuando cae la avalancha.
Poco después de nuestra llegada al Campo III, comienza a nevar con fuerza. La previsión es que lo deje enseguida, pero se hace de noche y no para.
No estamos solos en este campamento, pues todos tenemos la misma información y hay 8 tiendas montadas, cuando la nieve acumulada en la ladera que tenemos sobre nosotros, se desliza y provoca un verdadero desastre en el campamento. Destroza una tienda y medio sepulta el resto. Todo el mundo se da cuenta de la situación y nos vestimos a la carrera, pero tampoco podemos salir fuera sin un equipo mínimo, botas, linterna, guantes…. En unos minutos todos estamos a salvo en una nueva zona y poco a poco vamos recuperando tiendas y material. En concreto nosotros teníamos dos tiendas, una donde estábamos Carlos y yo y la otra para los cuatro serpas. Solamente recuperamos una, así que nos toca pasar la noche los seis apretujados en una sola tienda.
A la mañana siguiente la decisión es clara, hay que bajar.
Comenzamos a bajar con un día hermoso, que debiéramos estar aprovechando para subir al campo IV, pero la noche pasada en el tres no nos deja otra opción. En el descenso, y ya casi llegando al corredor que hay que cruzar, alguna pequeña avalancha ha arrancado parte de la cuerda fija y tenemos que improvisar a base de recortes para poder llegar al plató superior del campo II.
Seguimos bajando y cuando ya estamos llegando al campo I y pensamos que estamos “en casa” una avalancha de tamaño descomunal, barre el glaciar donde nos encontramos. Desde el principio nos damos cuenta que estamos demasiado lejos de la pared para que nos pueda afectar directamente, pero la avalancha coge cada vez mas fuerza y nos tenemos que tirar al suelo para soportar la nube que nos engulle. Toda una experiencia.
Después de este ultimo susto, llegamos al campo base con ganas de descansar y esperar nuevas noticias de una ventana de buen tiempo y sobre todo que la montaña esté en mejores condiciones para el próximo intento.